miércoles, 8 de mayo de 2013

LA MISION DE CHILOÉ


La Misión

La misión circular dio forma y  estructuró el espacio habitado por indios y españoles en unión residencial, constituyendo un tipo de lugares  poblados de peculiares características. Estos  “pueblos de naturales” reconociendo como centro la plaza – iglesia, fueron ligados por medio de la acción religiosa de la misión, periplo terrestre – marítimo de ciclo anual, establecido de acuerdo a un calendario y a un ritual estrictamente repetido por más de ciento cincuenta años; asumida por los franciscanos después de la expulsión de 1767, y renovada bajo forma de visita pastorales después de la erección del Obispado de Ancud en 1836.



Son numerosos los documentos que describen en forma detallada el itinerario de la misión, el ritual que se observaba al llegar al lugar, las ceremonias y actos religiosos que congregaban en la capilla a todos los naturales:
“Como hay tan pocas misiones fundadas en aquel archipiélago, es preciso que haya una como volante que socorra a todos los pobres isleños. Hay, pues dos padres que tienen solo ellos el nombre de misioneros, quienes casi todo el año van de capilla en capilla, de iglesia en iglesia y de isla en isla. El método que llevan es el siguiente. El 17 de septiembre vienen de Ichoac al colegio de Castro, dos piraguas, con algunos indios de aquel pueblo, a buscar a los padres misioneros. Estos, que ya están prontos, salen de aquella ciudad en una procesión, que se hace hasta la playa, donde se embarcan los santos de bulto, los ornamentos para las misas, mesas, cajones, etc. Los misioneros con los fiscales se embarcan en otra piragua a la isla de Lemuy, donde está Ichoac. Una milla antes de llegar allá, sale de aquella iglesia una procesión de todos los indios, indias, chicos y grandes, que pertenecen a la capilla. Van con una cruz por adelante y algunas luces, cantando a coro las oraciones. Habiendo llegado las piraguas, se desembarcan los santos y en procesión con los padres misioneros se conducen a la iglesia, donde se colocan, cada uno en sus nichos señalados. Se encienden las velas, que nunca se apagan desde aquel punto hasta la salida. Colocado todo en su lugar, el padre hace una plática de media hora en su idioma, dándoles parte de la venida de Cristo para el bien de sus almas. Acabada la plática se pone el padre en la puerta de la iglesia con la matrícula y pasan todos, uno por uno, para ver los que murieron o nacieron en aquel año y borrarlos o escribirlos. Al otro día, al alba, el fiscal de aquella iglesia toca una campana con la que llama a los niños para rezar la doctrina en la iglesia y cantan unas alabanzas. Luego las indias barren la dicha iglesia y la plaza de ella y se comienza el rosario, al fin del cual un padre hace un sermón.
Acabado el sermón, el padre más antiguo se informa de los males públicos de aquella tierra, si los fiscales y patronos han cumplido con su obligación, qué quejas hay, qué otras cosas dignas de remedio etc. Ajustado todo, comienzan las confesiones a las nueve. El segundo misionero dice la misa, se deposita el santísimo y acabada la misa da los óleos a los niños nacidos aquel año, que son bautizados por el fiscal y no han podido ir a la ciudad. Luego el padre monta a caballo y va a confesar y comulgar a aquellos enfermos que totalmente les es imposible venir a la iglesia ni en propios ni ajenos pies. A las once comienza el rezo de todos y luego entra la Vuta Misa , es la misa grande, por ser con muchos devotos cantos. Después del evangelio se hace el sermón, que todos oyen, y se cuenta un ejemplo. Después de la misa salen las niñas por una parte y los niños por otra a decir públicamente el catecismo, y al que lo hace mejor da el padre un premio, dos agujas si es niña y una estampa si es niño y se van a comer. A las tres de la tarde se toca a rosario y al fin el fiscal cuenta públicamente el ejemplo, que por la mañana dijo el padre en el sermón, y luego se confiesa hasta la noche, en que reza otro rosario, hay sermón y después cantos de devotas alabanzas, todo lo que acaba entre diez y once de la noche. Al otro día se hace lo mismo en todo. Y al cuarto día es la comunión general, que se hace con mucha devoción y ternura.


 El oficio del fiscal es, todos los sábados y domingos, llamar a la gente a rezar en la iglesia y preguntar en la misma la doctrina a los niños, que deben tener bien instruidos. Item debe bautizar y ayudar a bien morir. Item, si es posible llamar a un confesor o del colegio o de la misión más cercana, bien que a veces es imposible por la distancia. Item, estando los padres en su capilla  durante la misión debe tener la iglesia adornada con laureles,etc y lo mismo la plaza; y como su oficio es trabajoso, tiene dos niños consigo como sotafiscales, que le han de obedecer en un todo y durante la misión deben obedecerle  todos. La colación del empleo se hace públicamente entregándole una cruz larga, que a cualquiera parte que vaya, lleva consigo como que es su divisa, con la cual es más respetado en todas partes. No se le da el empleo, sino después de un largo examen en la doctrina, etc; una notoria ejemplaridad de costumbres y otras cualidades, debe ser casado, y de ningún modo puede serlo el soltero.

En todas las capillas hay procesión, que se hace en la víspera de la comunión por la noche. Pero hay capillas señaladas, donde hay Vuta procesión, esto es procesión grande o extraordinaria. Es grande porque a ella acuden los de las capillas cercanas, ocho o diez leguas. Por la tarde el patrón de la iglesia envía algunos hombres al monte a hacer hachones, que lo hacen de quila secas; de estas hacen un atado de cinco varas de largo y de grueso como el cuerpo de un muchacho, y hechos ya , los ponen en medio de la plaza. Ya que de las capillas vecinas llegaron los patronos y la otra gente, sale el patrón de la iglesia con su bandera, acompañado de muchos, y puesto en medio de la plaza, vienen los patrones de otras capillas, cada uno con su bandera, y uno por uno batiendo de varios modos la bandera, hacen reverencia al patrón de aquella capilla, quien a cada uno corresponde del mismo modo y los entra en la iglesia. Acabado el sermón, que aquella noche es siempre de la pasión, se encienden los hachones, y queda la noche más iluminada que con mil hachas de cera. Sale la cruz, y delante de ella el patrón con su bandera, guiando un fiscal la procesión; tras la cruz van los niños, y luego sigue otra bandera. Tras ésta van todos los solteros, y luego San Isidro en andas,que llevan seis hombres. Luego siguen todos los casados, después de esto, los caciques y gobernadores y los patronos de otras capillas van con sus banderas, todo de dos en dos. Después diez fiscales y tras esto viene el Santo Cristo, su Madre y San Juan. Sigue otra cruz y las niñas, tras éstas todas las solteras, luego Santa Neoburga en andas, que la llevan seis mujeres, y siguen luego las mujeres casadas que hay, llevando una vela de sebo aquellas que son suplicadas de la patrona. El padre misionero va al fin.

El fin principal que tuvieron los misioneros     en hacer esta procesión, fue que no habiéndose podido confesar todos en alguna de las capillas pasadas, o alguno a quien se le había dilatado la absolución, otro cuyo casamiento no se había podido ajustar, etc., éstos puedan ir otra vez a hablar con los padres sin nota, con lo cual se consigue ajustar lo que no se pudo en la otra capilla, sin que nadie lo entienda. Al último día se hacen los casamientos, habiendo precedido las amonestaciones.
 El día de la salida se acomodan los santos en sus cajones, se llevan en procesión a la playa, donde hecha una breve exhortación, el misionero les hecha la bendición. Se embarcan los santos en las dos piraguas, que llegan el día antes de la otra capilla, y al comenzar a navegar gritan desde la playa tres veces: ¡ buen viaje! Unos sentados, otros de pie, otros hincados no apartan los ojos de las piraguas, llorando muchos de pensar que no verán ya sacerdotes hasta el año siguiente, principalmente los de las capillas remotas”
Si bien el método de la misión fue invariable, la duración en el tiempo dependía del número de personas que los misioneros podían atender. Los franciscanos mantuvieron el sistema de la misión circulante introduciendo junto a la cabecera principal de Castro, el sistema de cabeceras sufragáneas que posibilitaba el trabajo sectorial. Estas cabeceras o capillas residenciales situadas en el centro de un  área y con buena llegada a las capillas que debían servir eran 9 en 1785. La buena elección de las capillas cabeceras quedó confirmada por el servicio práctico al transformarse con posterioridad y hasta hoy en asientos parroquiales- a excepción de Tenaún que fue sustituída por Dalcahue-, siendo éstos: Castro (con 9 pueblos), Achao (con 9 pueblos), Chonchi (con 7 pueblos), Puqueldón (con 6 pueblos), Queilen (con 8 pueblos), Tenaún (con 9 pueblos),sin contar a Carelmapu y Calbuco, que posteriormente pasaron a formar parte del Obispado de Puerto Montt.

Fuente: Las Iglesias Misionales
                 de Chiloé
                Documentos
Hernán Montecino Barrientos/ Ignacio Salinas Jaque/ Patricio Basáez Yau.

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